En la industria alimentaria, la elección del aceite no solo afecta el sabor, sino también la calidad nutricional y la seguridad del producto final. El aceite de soja prensado en frío, especialmente cuando es 100% no transgénico, se está convirtiendo en una opción preferida para cocineros profesionales y consumidores conscientes de su salud.
La diferencia clave entre el prensado en frío (≤60°C) y el método tradicional de prensado caliente (≥120°C) radica en la preservación de compuestos sensibles al calor. Según un estudio publicado por la Revista Internacional de Ciencia de Alimentos, el proceso en frío conserva hasta un 92% más de vitamina E comparado con el aceite extraído térmicamente. Además, evita la formación de ácidos grasos trans, que están asociados con enfermedades cardiovasculares.
“El prensado en frío mantiene la integridad molecular de los fitoesteroles, compuestos que ayudan a reducir el colesterol LDL.” — Universidad de Illinois, 2022
El aceite de soja prensado en frío contiene aproximadamente 20 mg de vitamina E por cada 100 g, lo que supera significativamente el contenido de otros aceites vegetales como el girasol o el maíz. Esta vitamina actúa como antioxidante natural, protegiendo las células del daño oxidativo. Los fitoesteroles, presentes en niveles de ~700 mg/100g, ayudan a regular los niveles de colesterol en sangre, según la Asociación Americana del Corazón.
¿Sabías que? Un consumo diario de 2 gramos de fitoesteroles puede reducir el colesterol LDL hasta en un 10%. Este es uno de los motivos por los cuales este tipo de aceite es ideal para productos funcionales en la industria alimentaria.
Contrario a la creencia popular, el aceite de soja prensado en frío tiene un punto de humo alto —al menos 210°C— lo que lo hace perfecto tanto para freír como para hornear. Esto significa que mantiene su estabilidad química incluso bajo condiciones extremas, sin liberar compuestos tóxicos ni perder propiedades nutricionales.
Cada lote de nuestro aceite cumple con los estándares ISO 22000 e HACCP, lo que asegura trazabilidad total desde la semilla hasta el envase. Estas certificaciones son exigidas por grandes cadenas de supermercados europeas y restaurantes gourmet en América Latina, donde la calidad y la seguridad alimentaria son prioritarias.